“Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción hasta que intenta definirla.

En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla” (Wenger, Jones y Jones)

Cada vez son más los jóvenes que practican deporte en su tiempo de ocio, algunos con el objetivo de llegar a ser deportistas de competición, otros simplemente porque les gusta la actividad. De una manera u otra, un gran número de niños y adolescentes viven la experiencia del deporte en algún momento de su vida y lo hacen con una implicación muy grande: se dedican, ilusionan, se esfuerzan, sienten y en muchos casos, entregándose como en ninguna otra actividad. Esto hace que el deporte sea una oportunidad ya que la predisposición a la práctica deportiva facilita que lo que suceda en esta actividad impacte en otras áreas. Así desde la práctica deportiva se fomentan hábitos saludables, valores morales y recursos psicosociales que contribuyen en la formación.

Las características de la práctica deportiva, el componente lúdico y las emociones intensas que están presentes, hacen que pensemos en la multidimensionalidad de factores presentes en el entrenamiento deportivo.

Las demandas de rendimiento de cada especialidad deportiva (y en cada una de ellas de sus diferentes situaciones y momentos), requieren que el deportista se desempeñe de una determinada manera y no de otra, para poder decidir y actuar con la mayor eficacia posible.

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Desde esta perspectiva se contempla que el comportamiento psicológico puede influir en el funcionamiento físico, técnico y táctico-estratégico de los deportistas.

La inteligencia emocional se refiere a la capacidad del ser humano de evaluar acertadamente el medio en el que se encuentra, interpretar el rol de las otras personas que interactúan con él, y la valoración de sí mismo como individuo en interacción con ese medio.

Un deportista apela constantemente a su inteligencia emocional tomando decisiones en milésimas de segundos y de esas decisiones, depende el resultado de su juego. En estas decisiones intervienen diferentes aspectos:

Aspectos racionales: Tales como entender el juego con todos sus aspectos técnico, táctico-estratégico.

Aspectos corporales: Entrenamiento físico, alimentación y el descanso.

Aspectos emocionales: Orientación al logro de objetivos, competitividad, autovaloración, trabajo en equipo, liderazgo, motivación, presiones, control de emociones.

Teniendo en cuenta que el deporte es normalmente un entorno de exigencia que reclama grandes esfuerzos personales y sociales, que implica la necesidad de poner en marcha estrategias de afrontamiento de forma constante, y que presenta de manera habitual la administración de refuerzos y castigos (ya sean materiales o sociales), es comprensible que el papel de la emoción sea considerado como muy importante.

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