El que afirma con seguridad la frase que sirve de título de esta nota se llama Matías Orfano. Lanzador (o pitcher) de 28 años del equipo de softball “Fenix” de la Universidad de La Matanza. Galardonado con el premio “Jorge Newbery” que otorga la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad, convocado a integrar la Selección Nacional Argentina de Softball y recientemente invitado a competir en una liga local de Estados Unidos, Matías nos cuenta en esta entrevista su experiencia personal  con respecto al trabajo vinculado a la psicología en el deporte que realizó junto a la Licenciada Sandra Pinto.

“Me pasó por la cabeza dejar de jugar”, recuerda con seriedad Matías Orfano el momento más crítico de su carrera deportiva sufrido meses atrás. “Entré en un pozo depresivo del que no podía salir”, agrega para subrayar los tiempos difíciles que le tocó vivir y que no sólo lo afectó a él sino que “el equipo se empezó a resquebrajar”. Él, que con sólo 28 años había conseguido múltiples logros y objetivos en el plano deportivo – tanto individuales como grupales- producto de su esfuerzo constante por superarse, se encontró con un problema al que no le encontraba solución.

– Ahí fue cuando me interesé por la psicología en el deporte. Les comenté mi problema a otros deportistas conocidos y ellos me recomendaron que consultara con un especialista. Entonces la conocí a Sandra. Y la verdad que me cambió la vida.

Psicologia Deportiva, Psicologia del DeporteLa problemática a la que hace referencia Matías surgió cuando un nuevo jugador ingresó al equipo donde él se desempeña actualmente. La nueva incorporación generó asperezas en el ambiente. “Había malas contestaciones durante los partidos”, cuenta el pitcher y agrega que tanto él como su equipo padecían momentos incómodos. “Yo estaba físicamente impecable, en buen estado. Pero la cabeza me estalló, estaba bloqueado”, recuerda el jugador la encrucijada deportiva que le tocó vivir y que gracias a la psicología deportiva la pudo sortear.

– Con Sandra hicimos foco en ese problema que tenía entonces. Ella me hizo concentrar en mi rendimiento personal, para que nada externo afectara mi desempeño deportivo (que influye por supuesto en lo grupal). Además me ayudó a estar más atento a la cuestión anímica y psicológica del equipo. Me di cuenta de lo importante que es estar pendiente de mis compañeros (que también son amigos), a contener al grupo y a ser todos más unidos.

Un deportista atraviesa momentos de tensión y nervios producto de la competencia. Además, el miedo al fracaso y al error juega un rol clave en el rendimiento. Esos aspectos también fueron trabajados en los encuentros que Matías tuvo con Sandra.

– Comenzar a trabajar con una psicóloga deportiva me ayudó a sacarme la presión y el miedo a realizar un mal partido. Sandra me hizo ver más claramente que el rival también juega. Aprendí que hay factores que yo no puedo controlar y que pueden afectar mi rendimiento durante un partido (por ejemplo si llueve y la cancha está embarrada). Entonces lo que hicimos fue identificar mis fortalezas (cierta postura al momento del lanzamiento, por mencionar un caso) para de esa manera poder potenciarlas y sacar un rédito deportivo que me favorezca tanto a mí como al equipo.

En el deporte que Matías practica – como en la mayoría- no sólo se trata de una cuestión física, sino también mental. “Podés tener un gran estado físico, pero si la mente no está tranquila y en óptimas condiciones no lográs lo que buscás. El cerebro es un músculo, por lo tanto hay que entrenarlo”, afirma el pitcher con seguridad.

– Con Sandra utilizamos también pruebas y cuestionarios para lograr revertir los momentos adversos dentro de un partido. Hay instantes que son claves, donde si cometés un error perdés y todo se acabó. Ahí es cuando más tenés que estar en tu eje. La concentración y la tranquilidad son fundamentales para un deportista.

– ¿Cuáles fueron los otros aspectos que vieron con Sandra?

– Trabajamos el hecho de ponerme yo mismo objetivos a corto y mediano plazo. Y de la importancia de hacer un trabajo progresivo y constante. Buscar mis propias metas que me satisfagan como jugador, por ejemplo tener la oportunidad de jugar una final.

– ¿Qué te aportó el hecho de haber trabajado con las emociones en el deporte?

– Me aporto mucho. Sandra me explicó una cosa fundamental: el trabajo que nosotros hicimos juntos fue la cuarta pata del entrenamiento de un deportista. Así como hay que trabajar con la parte física, técnica y estratégica, el mismo empeño hay que dedicarle a la parte psicológica. Yo siempre fui un deportista muy exigente. Intento mejorar cada día. Pero eso hay que saber dosificarlo para que no se vuelva contraproducente. Uno se encuentra con situaciones que exceden lo deportivo que son difíciles de manejar. Entonces es mejor recurrir a un especialista para que no te desborden.

– ¿Qué le recomendarías a un deportista acerca del trabajo psicológico con un especialista? ¿Por qué debería hacerlo?

– Porque le va a servir para mejorar. Va a potenciar su rendimiento deportivo sin lugar a dudas. Aunque no tenga un problema puntual y concreto, trabajar con un psicólogo deportivo te ayuda para buscar nuevas metas y superarlas. Yo aprendí a manejar el stress que provoca competir. Me sirvió para cambiar la actitud y evitar situaciones de frustración que te bloquean. También porque te mejora no sólo en lo deportivo sino que se traslada a la vida en general.  Te saca los nervios y la ansiedad. Estoy a punto de viajar a Estados Unidos a competir y me siento tranquilo y feliz. Con ganas de disfrutar esta oportunidad, de aprender y de mejorar mi rendimiento como deportista.

CM: Juan Ignacio Pérez
@juan_ignaciop

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